¿Por qué cae el dólar?
El dólar estadounidense atraviesa un periodo de debilidad, acaba de alcanzar su nivel más bajo en casi cuatro años. Esta situación, lejos de ser un accidente, es el resultado de una estrategia deliberada del presidente Donald Trump, que considera que una moneda devaluada es una herramienta imprescindible para impulsar la competitividad de las empresas estadounidenses en el extranjero. Pero lo que el gobierno presenta como una ventaja estratégica podría comprometer la estabilidad de la mayor economía del mundo ya que genera efectos secundarios que afectan al consumo, la inflación y la confianza en las instituciones.
La caída ha sido notable: hace solo un año el dólar rozaba la paridad con el euro, mientras que hoy apenas se cambia por 83 céntimos. Este desplome fue a más tras unas declaraciones de Trump en las que decía que la debilidad del dólar era algo netamente positivo. A esto se suma un clima de caos político marcado por varios terremotos que han ido produciéndose en los últimos meses, desde los elevados de aranceles a socios históricos como la Unión Europea, Canadá y Corea del Sur, a disputas territoriales como la intención de anexionarse Groenlandia, que forma parte de un aliado de la OTAN. Estas acciones han erosionado la confianza de los inversores, que están buscando refugio en activos como el oro, que ha disparado su precio por encima de los 5.000 dólares la onza ante la cuestionable gestión del Tesoro y las presiones sobre la Reserva Federal.
A pesar del optimismo que muestra Trump, la estructura de la economía estadounidense invita a pensar que un dólar debilitado no es la solución idónea. Las exportaciones representan apenas el 11% del PIB de EEUU, lo que significa que el 90% restante de la economía se verá perjudicado por el encarecimiento de las importaciones. Una moneda devaluada se traduce en una inflación mayor y menos margen para que la Reserva Federal reduzca los tipos de interés. Además, existen barreras no monetarias que impiden que las exportaciones crezcan solo por el precio; por ejemplo, la falta de demanda en Europa y Japón de los productos industriales estadounidenses o las diferencias regulatorias que dificultan la entrada de ciertos productos en otros mercados.
Un problema crítico es la dependencia de insumos extranjeros. Muchas industrias exportadoras, como la aeroespacial y la petrolera, necesitan componentes importados que ahora son más caros debido a la devaluación y a los nuevos aranceles. Esto volatiliza los beneficios de competir por precio. El mundo, además, está reaccionando: la Unión Europea, por ejemplo, ha acelerado la firma de acuerdos comerciales con India y el Mercosur para proteger sus inversiones y reducir su exposición al dólar.
En última instancia, el valor del dólar funciona como un referéndum sobre la confianza global en Estados Unidos. Al priorizar los objetivos internos, el gobierno está sacrificando la "prima de seguridad" que permitía al país financiarse de forma extremadamente barata. Aunque el dólar sigue siendo la principal divisa internacional de reserva por falta de alternativas, la actual volatilidad marca el fin de una era de estabilidad y plantea un futuro incierto donde la hegemonía financiera estadounidense ya no se da por sentada.
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