[F-Review]

Videos subidos por varios. También los puedes ver acá.
Quizás el comentar esta película ahora luzca un tanto tardío, puesto que la vi a principios del año pasado cuando se estrenó en mi localidad en un intento de aprovechar sus nominaciones al Óscar… Mejor tarde que nunca, y de esta película hay bastante que comentar. No creo que sea un desperdicio.
Saludo al altar
La historia de Cónclave en su superficie es una trama de intriga política llevada a un escenario que despierta interés hasta al más ateo: la elección de un nuevo Papa de la Iglesia Católica, y los tejes y manejes entre los electores encargados de tal decisión. Por ello hay facciones distinguibles, agrupadas en dos tendencias contrapuestas: la de los cardenales reformadores y la de los tradicionalistas. Izquierda y derecha en púrpura. Y como el protagonista, el cardenal Thomas Lawrence (interpretado por Ralph Fiennes, recordado por interpretar a Lord Voldemort en la saga de Harry Potter), pertenece al ala progresista es claro hacia donde nos lleva la historia a mejor considerar, de forma sutil pero definida. Esa sutileza lleva a que no se sienta como un panfleto, salvo la parte final con la inusitada elección (discurso buenista mediante tras un atentado terrorista) del cardenal Vincent Benítez, que llena todas las casillas inclusivas: no blanco, humilde e intersexual.
El mensaje, entonces, se revela que sería que la esperanza para la Iglesia Católica es volverse más inclusiva, «incluso» ante las amenazas externas que la atacan de maneras no precisamente espirituales. Ello trajo como consecuencia la controversia y la molestia de una parte de los creyentes, aunque no la suficiente para afectarla o beneficiarla apreciablemente en la temporada de premios (Globo de Oro, Óscar y Bafta a su guión, Bafta como mejor película en general e inglesa, entre otros). No le fue mal, tampoco en taquilla.
Profesión de fé
El Papa ha muerto y su amigo el cardenal decano Lawrence tiene la difícil misión de organizar el Cónclave para elegir a su sucesor entre los cardenales habilitados. Serán días difíciles donde en el mayor aislamiento deberán de ponerse de acuerdo los Príncipes del Catolicismo que llegan al Vaticano desde todos los continentes. Mucho trabajo por delante, sobretodo si se piensa en la continuidad del legado del amigo muerto. Lawrence quiere ser imparcial, cumplir su labor, pero en el fondo es claro que no desea que la Iglesia desande las reformas que se han logrado, no quiere volver al pasado.
Cuando está a punto de cerrar las puertas que no se abrirán hasta que salga el humo blanco, Lawrence recibe dos de las primeras revelaciones que pronostican unos días agitados: el prefecto de la Casa Pontificia, Janusz Woźniak, le revela que el difunto Papa antes de morir estaba por despedir a uno de los varios papables en carrera, el cardenal Joseph Tremblay (intepretado por Jhon Lithgow) luego de que hablara con él en privado. Encarado, Tremblay niega cualquier desavenencia con el anterior Papa. Por otro lado, salido desde el interior de una feligresía clandestina afgana, a última hora el sacerdote Vincent Benítez se presenta como Cardenal In Pectore de Kabul, un nombramiento secreto que la Iglesia usa in extremis en casos de grave riesgo para el nombrado… y pocos destinos más riesgosos hay que ser el pastor de la grey católica en esa tierra de talibanes. Bueno, cardenal es cardenal, y pasa a sentarse junto a sus colegas para votar.
Pronto empiezan a clarificarse cuatro fuertes aspirantes: Aldo Bellini (un progresista en la línea del anterior Papa, con la cara de Stanley Tucci), el nigeriano Joshua Adeyemi (de raza negra, pero conservador social hasta la homofobia), el ya citado canadiense Joseph Tremblay (un conservador más moderado) y el italiano Goffredo Tedesco (un tradicionalista reaccionario, que si pudiera hasta volvería a las misas en latin y los silicios). Ninguno logra la mayoría de dos tercios ni ese primer día ni el siguiente, y pronto el nigeriano sale de carrera por un escándalo con una monja que llega a servir al cónclave de manera inoportuna. Mientras tanto el propio Lawrence ve cómo tiene gente que vota por él y eso le atrae una advertencia de parte de Bellini: que se deje de quitarle votos a la única candidatura liberal con posibilidades, la suya… o la del canadiense como el mal menor frente a la del mal mayor, Tedesco. Y también, de a pocos, el hace poco desconocido cardenal Ramírez empieza a acumular apoyos. El bloque liberal también necesita esos votos si quiere ganarle a Tedesco, como si no fueran sacerdotes buscando el mejor representante de Dios en la Tierra, sino parlamentarios negociando el Presupuesto del próximo año. Entonces Lawrence descubre (gracias a la ayuda de la hermana Agnes, la jefa de las monjas a cargo del servicio, interpretada por Isabella Rosellini) que la revelación que le costó el Papado a Adeyemi fue parte de una conspiración de Tremblay, que ve cómo merced a quedar en evidencia por ello y por una trama de sobornos descubierta por Lawrence al allanar la vivienda del Papa fallecido, también su candidatura se desinfla en la siguiente votación.
Mientras tanto, fuera de los muros de la Capilla Sixtina la violencia se manifiesta en la figura de atentados yihadistas, que Bellini y Lawrence temen que favorezcan las posiciones duras de Tedesco. Una bomba estalla interrumpiendo una votación, rompiendo ventanales y ensuciando todo de polvo. Tedesco, como era obvio, propone luchar contra los que los están agrediendo, una Iglesia fuerte, acaso una Guerra Santa… y cuando todo parece que ya está decidido, una voz calmada surge desde el fondo: Benítez, quien luego de un discurso en el mismo tono llama a la paz, la reconciliación y la tolerancia. Siguientes escenas lo muestran como el improbable ganador de la elección, y con cara de anonadado, acepta la responsabilidad y declara su nombre papal: Inocencio XIV.
Lawrence está claramente aliviado, han sido días muy duros para él, pero cuando ya parece que podrá descansar, una nueva revelación lo alcanza: sabía que el nuevo Papa había hecho un extraño viaje por razones médicas pero que no parece que hubiera sido tratado de algo. Conversando con Inocencio XIV este le revela que por un examen médico descubrió que él era en realidad genéticamente una mujer, pero que sus caracteres sexuales no se habían desarrollado, siendo criado y adquiriendo la identidad de varón. El Papa anterior lo sabía, y lo aceptó aún así, incluso cuando declinó operarse para «corregir» su condición, pues interpretaba que ese había sido el plan de Dios para él desde un principio. No había nada que arreglar en su cuerpo, debía de aceptar lo que era.
Lawrence decide guardar el secreto, acaso ese sea el amanecer de una nueva y más abierta Iglesia. Por la ventana ve a unas monjas en un patio saliendo a disfrutar el sol.
Comunión
Desde un punto de vista formal, Cónclave es de una cinematografía impecable en ritmo, ambientación y encuadres: la historia fluye sin problemas, decorados y vestuario son verosímiles, y muchas tomas tienen un significado que se siente. Eso sin desdeñar a los actores que cumplen bien su trabajo. Y no va a ser, pues aparte de Ralph Fiennes la producción ya vimos que fichó a Stanley Tucci, Jhon Lithgow y a una aún digna Isabella Rosellini. Incluso el bisoño Carlos Diehz, actor mexicano de apellido incongruente radicado en Vancouver que hace el papel de Vincent Benitez/Inocencio XIV, logra hacer un papel aceptable y convencer de su humildad intrínseca en su calidad de no hegemónico.
En cuanto a la música, esta la verdad que se me pasó desapercibida, así que supongo que fue funcional para acompañar las imágenes y ya está. Tampoco creo que el compositor pretendiera más que eso. Trabajo hecho, pago realizado.
Ida
El galardonado guión de esta película para resaltar el dramatismo de la historia se toma varias licencias que contradicen la jurisprudencia canónica: la mayor, el hecho de que un Cardenal In Pectore no podría participar en el Cónclave y por ende la elección del underdogesco Vincent Benitez no hubiera sido siquiera considerada. Supongo que la intención fue reiterar esa característica de ajeno a la curia incluso la que se planta de progresista. Igual, se sabe que viene de la novela original, escrita por Robert Harris (de quien hasta el momento sólo he leído Patria, una historia escenificada en una Alemania de una historia alternativa donde Hitler ganó la guerra y aún gobierna en los 1960s, mundo alterno que en su planteamiento y desarrollo considero mejor que el más conocido de El Hombre en el Castillo, de Phillip K. Dick, una comparativa que me planteo hacer).
Preguntado acerca de ese giro final, el novelista declaró: «esto es lo que deben hacer las novelas: sacudir al lector, causar conmoción, hacer pensar a la gente, aunque la odien». OK, supongo. Efectista es.
Ahora, es imposible no recordar la historia de la Papisa Juana, una leyenda medieval acerca de una mujer que deseosa de instruirse, en el siglo IX vivió una vida disfrazada de varón como monje. De allí fue escalando posiciones en el clero hasta ser elegido Papa en el año 855, con el nombre de Benedicto III. Su pontificado terminó cuando en medio de una procesión empezó trabajo de parto y dio a luz en plena calle el hijo que había concebido con un amante. Escándalo. Violencia. La muchedumbre la mató y la Jerarquía Católica borró el recuerdo de esa «afrenta».
Casi doce siglos después Robert Harris como que trata de darle la revancha a Juana convirtiéndola en Vincent Benitez. Pero, ¿qué pasará cuando su condición se descubra? ¿Fortalecería a la Iglesia? ¿La destruiría? Harris no da esa respuesta, sólo la provoca.
Podéis ir en paz
En general, incluso con la controversia que juzgo innecesaria, es una película muy buena por todos los detalles que he estado señalando. Con un timing perfecto además, pues pocos meses después el Papa Francisco murió y se tuvo que elegir a un nuevo Papa… que resultó siendo uno con DNI peruano además, León XIV, amante del seco de cabrito. Cónclave no nos hará unos especialistas en derecho canónico, pero nos permite imaginarnos parte de esos entresijos tan privados de hombres decidiendo por un Dios que no puede hablar por sí mismo.
La Yapa:
- «Hacia una teología de la liberación. Gustavo Gutiérrez, 1971», fragmento de Manual del Perfecto Idiota Latinoamericano
- ¿Dónde está Dios?
- Carta a un joven chileno sobre Che Guevara, un fragmento de Las Desventuras de la Bondad Extrema, libro de ensayos de Mauricio Rojas Mullor
- ¿Qué tengo en mi biblioteca?





Comentarios